El País, artículo de Daniel Mediavilla 15 diciembre de 2016
Un grupo de
investigadores revierte el envejecimiento en ratones
Un equipo dirigido por Juan Carlos
Izpisúa logra alargar la vida de ratones reprogramando sus células
Miles de millones de años de
evolución dieron lugar a un animal que puede llegar a vivir
algo más de 100 años y recorrer cien metros en
menos de diez segundos. Esos límites parecen fijados por la propia historia
de nuestra especie y puede que podamos hacer poco para ampliarlos por vías
convencionales. Pero además de sus límites, los seres humanos desarrollaron un
cerebro capaz de generar la ambición para enfrentarse incluso a su propia
naturaleza.
Esta semana, un equipo
internacional liderado por el investigador español Juan Carlos Izpisúa,
profesor del Laboratorio de Expresión Génica del Instituto Salk y catedrático
extraordinario de Biología del Desarrollo de la Universidad Cátolica San
Antonio de Murcia (UCAM), ha publicado cómo lograron revertir el envejecimiento
en ratones con progeria.
Además, aplicaron el mismo sistema para reducir los efectos de la edad en los
órganos de ratones sanos. En ambos casos, según explican en un artículo
en la revista Cell, tuvieron éxito. En los ratones con progeria se
prolongó su vida un 30%. En el caso de los sanos, mejoraron problemas asociados
a la edad como los cardiovasculares y se observó cómo mejoraba la cicatrización
de algunas heridas.
Los investigadores no actuaron
sobre las mutaciones que causan la enfermedad. En su lugar, reprogramaron una
serie de marcas químicas que se acumulan sobre el genoma y determinaron cómo se
adapta nuestro organismo al entorno. Esos cambios fueron posibles gracias a un
método empleado para convertir cualquier célula adulta en célula madre
pluripotente, como las que tienen los embriones. Ese cambio se logra a partir
de la expresión de cuatro genes conocidos como los factores de Yamanaka, el
Nobel de Medicina que inventó el sistema.
La clave del método publicado hoy
consiste en comenzar la transformación de las células sin llegar hasta el
final. De alguna manera, sería como hacer avanzar a las células hacia el estado
embrionario, la juventud máxima, pero deteniéndose a medio camino. “Si completamos la reprogramación de las células,
manteniendo activados esos cuatro genes todos los días, se producen tumores,
pero si lo hacemos solo durante dos días a la semana, logramos efectos
positivos”, explica Izpisúa. De esta manera, la célula rejuvenece, pero
mantiene su identidad, algo que no sucede si se continúa el proceso hasta que
alcanza el estado de pluripotencia.
Para conseguir dar el salto de
ratones a humanos, los responsables de este avance saben que no pueden
manipular la expresión de unos genes. En su lugar, quieren hacerlo a través de
moléculas, como las que están en la base de los medicamentos que tomamos, que
reproduzcan en células humanas el comportamiento de los cuatro genes de
Yamanaka. “Encontrar un compuesto químico
que produzca ese efecto es fundamental, porque si sabes la dosis y sabes cuándo
se debe tomar y lo has probado en animales, será mucho más práctico que activar
un gen”, concluye Izpisúa.
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